Sobre la imagen elaborada de un hombre de funyi, un farol, con un cigarro apenas mordido entre los labios, con saco a medio culo; pantalón bombilla y pañuelo al cuello, con eso, y solo con eso se elaboró el arquetipo del guapo porteño, del que en muchas oportunidades se hacen referencias a su coraje, a su pasión indómita; que con andar lento, cansino, se viene del fondo, al centro de la ciudad, es la orilla, es el arrabal, es un personaje mítico. Del que no se saben más que algunas historias inventadas para justificar su existencia aunque mas no sea libresca.
De todo ese plumaje mistongo, solo me quedo con el coraje. El coraje habitó en el hombre de Buenos Aires, y probablemente lo siga habitando. Es un signo de distinción, sin esa hombría seguramente no sería posible comprender el porqué del tango, cuando digo el hombre de Buenos Aires estoy diciendo también por alcance y por centro al hombre argentino.
Un vez, le preguntaron la Cadícamo; sobre la muerte del Tango, y lo afirmó sin mayor empacho, lo hizo sin pasión. Indicando: que eso es una zoncera, propias de una intelectualidad en burbujas. Los que hacemos programas de tango, probablemente quisiéramos opinar algo, frente a un revés dado en medio del morro; pero, nos ponemos a pensar y a lo mejor tienen razón. Si es que la razón se mide por la concepción efímera de la moda.
Entonces aparecen los muchachos, que con sano juicio, te indican que cada vez hay más milongas y tanguerías, y es verdad, que en el mundo hay fieles seguidores y es cierto, ¿y entonces? dónde radica la muerte si sigue habiendo cultores. Muy buenos músicos, cantores, aunque faltan los poetas de talla. La menesunda, es que no sabemos bien qué decir, porque la poesía duerme en los rezagos librescos y porque la palabra está empeñada en el cajón de un banco que secuestra las ideas.
En la actualidad se baila, se lo escucha, pero una cosa es cultivar un arte, una forma, y otra bien distinta es la búsqueda y la respuesta vital de un momento dado de la vida ciudadana.
Silbar tangos, moler tangos, era como que la música saliera de las ruedas del carro que pasaba sobre el empedrado, era el casco de los caballos, era el olor a corralón, eran los momentos en que se acomodaban a la ciudad, los bloque de miles de inmigrantes que bregaban por tener una nueva identidad y un lugar en el mundo, aún contra su propia voluntad, por que abandonar con añoranzas el paesse hasta en los recuerdo no era posible abanonarlo, pero tampoco lo era el vivir en otra tierra, renunciando a ella.
Esa debe haber sido la génesis del tango, la lucha entre lo que se añora y lo que se tiene, todo lo europeo es mejor, este es un legado que arrastramos hasta el cansancio, como decía un chabón gomía, vinieron analfabetos y se llevan a los ingenieros. Si claro que aportaron, pusieron el lomo, el alma y muchos aquí se quedaron para siempre, entre dos neblinas, y no están en medio de un mar. Nacieron en otras tierras y definitivamente aquí se quedaron.
La pregunta es ¿sin esos dolores, esas angustias de exilios y derrotas? Hubiera habido levadura para una expresión tan nuestra como el tango. Probablemente cuando uno habla de los inmigrantes, todos entienden que se refiere a los tanos, yoyegas y ponjas, rusos turcos y tantos otros, pero, pocos casi nadie advierte que también llegaron en formas de esclavos muchos africanos, que a portaron también su cultura y su dolor, porque una cosa es venir por decisión propia y otra porque tus jefes tribales te vendan. -A veces siento que no estamos tan lejos de los pobre negros- Doble castigo, de la traición y la esclavitud, Y me acuerdo del Negro Shicoba, que vendiendo escobas – según el maestro Lago- fue ese voceo la inspiración creadora del tango. Del Tango primigenio del primer tango. Chivilcoyuano…
Pero volviendo a los dolores a las derrotas a los exilios, si no somas más que un país, construido con exilios y dolores.
Teniéndolo todo no acertamos un ganador; siempre estamos pensando en no sé qué cosa, y no nos va bien; y cuando nos va bien, nos frustramos, si, nos frustramos. ¿Te des cuenta chabón? Y entonces hay que buscar al salvador que no es otro que tu verdugo.
Hay que andar de recalada para verle la pata ala sota, los horizontes son esquivos; porque estamos patinando siempre en el mismo aceite. Si, cuando digo barro me suena Discépolo en la oreja, que se murió hace setenta años. Porque negarnos, las circunstancias parecen similares, y sin embargo hay otro fondo que hace que ya no se produzca tango como en los años anteriores a los 60.
El Celedonio Flores, el gran Celedonio, en Corrientes y Esmeralda, dice que un cajetilla lo cruzó de cross, y el guapo cae irremediablemente ante el avance de la técnica pugilística, pero también expresa que una clase poderosa, en morlacos, en poder misturado con la tagui y la ideología que mandaba y que la impusieron con castigos y persecución, con hostigamientos. Derrotaron definitivamente a aquellos que supieron gritar viva Rosas; o no tanto, que sin saberlo eran un remedo de otros tiempos de otras resistencias, porque en Buenos Aires fue el escenario principal de un tragedia que se llama Argentina.
No obstante, los grandes continuaron haciendo tangos, ahora autorizados, poniendo los dolores sobre la mesa, y al concurso público.
En 1980, Ricardo Monti, estrenó Marathon, la obra de teatro que muestra una milonga de resistencia, una de esas en que las parejas bailan hasta quedarse sin aliento, en la misma se hace referencia a 1930, en la que en que los danzarines bailan sin saber cuál es el premio, compiten. Bailan hasta el paroxismo, en donde se mezclan los sueños con los deseos y los dolores. Todo coordinado por un locutor, animador, guarda espalda y represor. En un momento las parejas de sublevan y suavemente el que dirige la milonga los vuelve a los ensueños, y pierden la oportunidad de la revuelta. ¿Cuántas veces bailamos por premios que desconocemos? La pucha…
Al principio hable de coraje, tratando de despoblar todo el andamio que se construye para decirnos como somos, lo que somos y cuanto valemos. Y sabemos que nos macanean, y no nos falta coraje, es esta permanente forma de no saber cómo jugar a ganador. Entonces seguimos en la milonga y el despiadado animador nos muestra el látigo, o las sonrisas o simplemente las sonrisas complacientes para que ese coraje roído por el óxido, como el viejo cuchillo de combate, que se puso portar, para llegar al trocen. Hoy no se empuña ni el fierro, ni la idea justiciera y todos continuemos en la danza de un tango…Feroz.