Día del militante 17 de noviembre Corría el año 1972, un año cargado de presagios, con albores de victoria; los mágicos desafíos que estaban planteados, desde el mismo día, de septiembre del 55, en que buscó el exilio, se hacían realidad. Su vuelta era la causa mágica que establecía la unidad en la acción dentro de las fuerzas populares; no hay posibilidad de que el sistema político continúe con algún grado de vigencia, con las mayorías proscritas -dictaba la conciencia previsora de los gorilas, de todo pelaje- y el con Él, en el exilio y jugando la gran partida de un ajedrez en que los peones se transformaron en soldados y los soldados en represores. En su trono deshilachado, Lanusse, mueve sus piezas, que no son otras que tanquetas y tropas, alimentadas por un odio incomprensible. Violentas y vomitadoras de fuego y cargadas de amenazas. El pueblo autónomo, se congrega, se organiza; pierde el temor, concibe sus propias consignas: Perón, Perón o muerte. Así las cosas, así el 17 de noviembre. Corre el año 1972. Es primavera, pero es un día típico de Buenos Aires en primavera, el sol no acompañó la alegría, la lluvia parecía entorpecerlo todo. La tensión era más potente que los truenos y los relámpagos, si es que en la jornada los hubo. Millones de muchachos y muchachas peronistas, con su consabidas particularidades ideológicas y políticas marchan como una infantería que a la que no puede detener el tiempo. Las tanquetas intentan parar las gruesas columnas, que están decididas a dar la bienvenida al Viejo. Ese solo hecho es revolucionario. Los atrevidos muchachos y muchachas, ponían banderines argentinos en la boca de los cañones. En una mezcla inconfundible de hipismo, de amor y paz, junto a la mirada penetrante del Che. Él representa los sueños, los deseos la síntesis de horas y horas de militancia. Es la patria que renace y su conductor que llega desde el norte sostenidos por los vientos del sur. Algunos, lo más atrevidos y lanzados cantaban que llegaba el General Montonero. Para hablar del 17 de Noviembre, fecha que años después, se transformara en el día del militantes, hay que encontrar la razón a esta conmemoración. En 1955, la peor versión de la argentina intolerante, racista y vejatoria, decidió que el ciclo popular del peronismo había acabado. Entonces, ordenó a varios generales, almirantes, y brigadieres, y puso en marcha el golpe, para que, desde las armas del Estado, se arrasara al pueblo argentino y a los manifestantes que vivaban a Perón y a su gobierno. Es verdad lo que en aquellos tiempos se decía: las entendederas de los milicos eran escazas, pero, también las de la oligarquía. Esto último se dice ahora. Es que no podían entender que la empatía entre el pueblo y el gobierno fuera inquebrantable. Unos días antes del final, aviones de la Armada y de la Aeronáutica, sobrevolaron Buenos Aires y dejaron caer, cientos de toneladas de bombas sobre la ciudad, y miles de personas indefensas. La marcha hacia el exilio, la cañonera paraguaya que se encontraba en la rada del Rio de la Plata, más el salvo conducto del gobierno del Paraguay, evitaron la segura muerte de Perón, que inevitablemente comienza una peregrinación por varios países, Paraguay, Venezuela, Santo Domingo y finalmente Madrid. En 1964, hay un intento de regreso. Las paredes de los pueblos anuncian, la buena nueva: PERÓN VUELVE, la V corta, con la P, en medio de ella y el número 6 y 4 a sus costados indicaban el año. Perón Vuelve en el 64. No puedo ser, la canalla militar lograr para el vuelo en Río de Janeiro, con la amenaza de derribarlo ni bien entre en territorio argentino. El avión portaba un pasaje de personas que no estaban vinculadas al operativo retorno, así que, ante la amenaza, y la certeza de su ejecución, por proteger a las personas ajenas al juego, se decide abortar el retorno. Sobre esa frustración, los peronistas continúan agazapados, organizados y resistentes. Pero claro es que el paso del tiempo no es lineal y mucho menos neutral, los pibes y pibas que, en el 64, eran niños de la primaria, o apenas secundarios, para los70 se habían transformado en militantes peronistas, aguerridos y valientes. Son los militantes, históricos, de siempre, a los que sobre los hombros de sus familias, y sobre los propios, la dictadura liberticida, había descargado como plomo derretido, todo el odio imaginable y más aún. Ellos comenzaron a soportar todo el peso de la resistencia, y tomaron la decisión de contragolpear con la mayor dureza que se pudiera. 1972, el viejo General, articula las maniobras frente a otro General, esta vez la vuelta debe ser posible. Para ellos, los sindicatos, y todas las organizaciones se ponen en marcha para desgastar al gobierno de la Libertadora, con su nuevo nombre: Revolución Argentina. Los pueblos se levantan, el Cordobazo, Mendoza, Rosario, las guerrillas que intentan debilitar militarmente al ejército del “extranjero”, y a los personeros del imperio que dominaron la escena desde 1955. Allí están los compañeros militantes, vienen de Uturunco, en Tucumán y un día la Argentina se despierta conmocionada: Secuestraron a Aramburu, ha caído del jefe político de la oligarquía argentina; el golpe ha sido efectivo. A Lanusse no le queda más remedio que negociar con Perón el retorno, la vuelta. Es el año 1972, Ezeiza, se desborda, todas las miradas están el cielo que no acompaña, las nubes impiden la visibilidad, pero todo el mundo sabe que el Pocho está ahí, viene como flotando sobre la patria. “Desde arriba, las nubes son blancas” - dice alguno de los muchachos- Él no puede ver desde el aire la tierra que tanto ama. El clima termina poniendo una cuota de dramatismo al momento. Otro, grita viva Perón Carajo, dando ánimo para soportar el mal tiempo, que en definitiva nos es más que un fastidio, frente a todo lo pasado. El Chárter, trae a todos. Artistas, sindicalistas, militantes, todo el vario pinto dispuesto a ser derribado junto al líder. El Tío Cámpora está sentado junto a Perón, a su diestra, en las primeras filas del avión. El viejo porta una 38 en la cintura, por las dudas, como si la emoción del regreso, le permitiera usarlo. Pero era de hombre andar armado. Los pibes y las pibas, fueron seres excluyentes de estas jornadas de gloría. Ese día, lo reconocerá alguien años después, es el día en que los militantes trajeron a Perón. Símbolo de la liberación de la patria. Desde ese día, los militantes se transformaron en seres heroicos. Recorrieron el camino de héroe, pasaron por el centro mismo del infierno, cruzaron el Rubicón y volvieron peronistas, para consagrarse en una patria liberada. Militantes seres anónimos pero imprescindibles. Recordar aquella gesta, entre muchas otras, retempla el espíritu y nos pone en un tono vibrante de lucha por la causa de la patria. Nos estimula a emprender la gran empresa de construir una Argentina Justa, Libre y Soberana. Es el tiempo de los héroes, es el tiempo de poner las cosas en orden. Es el tiempo de la palabra y la acción. Es el momento del reencuentro con los valores permanentes y verdaderos. A todos los urgimos para que nos identifiquemos con la más sagrada causa; que se imponga y derribe a todos los mitos de barro, con que los enemigos de toda laya, han consolidado la dependencia, la pobreza y miseria; llevando al pueblo a un estado de postración inadmisible. Viva la Patria y viva Perón y sus honrados seguidores: Néstor como clave de los tiempos actuales de una militancia insobornable, y tantos otros que siendo anónimos no son menos trascendentes.